Δευτέρα 5 Αυγούστου 2013

¡La Ortodoxia es la única verdad!


Protopresbítero Gheoryios Metalinós
Catedrático de la Universidad de Teología de Atenas
Logos Ortodoxo
 
Muchos consideran que la Ortodoxia es una de las muchas “iglesias”. Es decir, un aspecto del cristianismo, o otros consideran la Ortodoxia como una religión. Ortodoxia en el sentido literal significa correcta doxa (gloria, fe y opinión). No es una de las “iglesias” porque es la Una y verdadera Iglesia de Cristo. Esto naturalmente no es arrogancia sino la VERDAD. Puesto que el Señor ha constituido sólo una Iglesia, ¿cómo nosotros hablamos de muchas? Tampoco la Ortodoxia se puede llamar religión, porque la religión es una superstición; cada religión intenta cubrir las necesidades psicológicas del hombre. Al contrario la Ortodoxia sana al hombre padeciente psicológicamente (se entiende a todo hombre) y le hace santo, esto es la grandiosa y tangible demostración de la Ortodoxia.

Hablando sobre la Ortodoxia no debemos repetir el error de Pilato, cuando preguntó a Cristo: “Qué es la verdad” (Jn 18,38). Lo correcto, lo ortodoxo es: “Quién es la verdad”. Porque la verdad no es una idea, una teoría, un sistema, sino persona, la Santísima Persona del Humanizado Logos de Dios, del Jesús Cristo. Lo mismo tenemos que preguntar sobre la Ortodoxia, porque se identifica con la tentrópina (divino-humana) Persona del Logos de Dios. Él, como  Θεάνθρωπος Zeánzropos (Dios y hombre), es nuestra Ortodoxia, nuestra Verdad entera.

Si quisiéramos definir convencionalmente el Cristianismo como Ortodoxia, diríamos que es la experiencia de la presencia del Increado (Dios) dentro de la historia y el poder de lo creado (el hombre) convertirse y hacerse Dios “por la jaris, energía increada”. Con la presencia continua, entregada de Dios en Cristo en la realidad histórica, el Cristianismo ofrece al hombre el poder de la zéosis, tal como la ciencia médica le proporciona la posibilidad de mantenimiento y apocatástasis (restablecimiento) de su salud, pero en los dos casos dentro de un proceso y una forma de vida concreta.

El objetivo único y absoluto de la vida en Cristo es la Zéosis, es decir, la unión con Dios, de modo que el hombre participando de la energía increada de Dios, se convierta y haga Dios “por la jaris “ esto que el Dios es por su naturaleza (sin principio ni fin, eterno e interminable.) Esto es el concepto cristiano de salvación. No se trata de una mejora ética del hombre y de la sociedad, sino sobre la renovación, recreación del hombre en Cristo, de la relación existente y existencial con Cristo, el Cual es la manifestación encarnada de Dios en la historia. Esto expresa la frase de Pablo: “Por lo tanto, si uno vive en Cristo…” (2ª Cor 5,17)

El que está unido con Cristo es una nueva creación. Por eso cristianamente la encarnación del Logos de Dios, la introducción redentora de lo Eterno y Supremo del tiempo dentro en el tiempo histórico, es el principio de un nuevo mundo que continua hasta el final de los siglos y en las personas de los auténticos cristianos, es decir, de los Santos.

La Iglesia, como “Cuerpo de Cristo” y sociedad en Cristo, está en el mundo para ofrecer la sanación y salvación, como adhesión del hombre y la sociedad en este proceso renacentista. Esta obra concreta salvadora de la Iglesia se realiza esencialmente en la Iglesia, actuando en la historia como un Hospital universal. Por san Juan el Crisóstomo (+407) la Iglesia se llama: “Hospital espiritual”. A continuación se dará una respuesta a las preguntas:

1) Cuál es la enfermedad que terapia, sana la Ortodoxia cristiana.
2) Cuál es el método terapéutico que aplica.
3) Cuál es la identidad del auténtico Cristianismo que le diferencia radicalmente de las declinaciones heréticas y de cada forma de religión.

La enfermedad de la naturaleza humana es el estado de caída o caótico del hombre y junto toda la creación gime, padece y sufre conjuntamente. Este diagnóstico concierne a cada hombre, independientemente si es cristiano o no, si cree o no, a causa de la unidad natural del conjunto de la humanidad. (He 17,26). La Ortodoxia cristiana no se encierra en unos límites estrictos de una religión, que se interesa sólo para sus seguidores, sino tal como el Dios, “quiere que todos los hombres se sanen, se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1ªTim 2,4); puesto que el Dios es “sanador y salvador de todos los hombres” (1ªTim 4,10). La enfermedad, pues, de la que habla el cristianismo es de toda la humanidad, “…en todos los hombres vino la muerte, puesto que todos pecaron, (olvidaron su camino hacia la zéosis), (Rom 5,12). Tal como la caída (enfermedad) es de toda la humanidad, lo mismo también la salvación y terapia depende del funcionamiento interior de cada hombre.

La experiencia de los Santos conoce un sistema memorial, la memoria noerá (espiritual humana) del corazón, que funciona en el corazón (psicosomático) y que la medicina lo ignora. El corazón, en la tradición ortodoxa, no funciona sólo naturalmente, como una bomba de agua para el movimiento de la sangre. Porque más allá del funcionamiento físico tiene también un funcionamiento sobrenatural. Bajo unas condiciones se convierte el espacio de la kinonía (comunión, unión y conexión) con el Dios, es decir, con Su energía increada. Está claro que esto se percibe dentro de la experiencia de los Santos, los verdaderos Cristianos y no con la función lógica o la teologización intelectual.

San Nicodemo el Aghiorita, en su obra “Manual de consejos”, recapitulando toda la tradición patrística, llama el corazón centro natural y sobrenatural, también contranatural cuando su funcionamiento sobrenatural es inactivo a causa de los pazos que dominan el corazón. El funcionamiento sobrenatural del corazón es la condición indispensable para la terminación, consumación, perfección del hombre, es decir, su zéosis, como plena integración en Cristo comunión.

El funcionamiento sobrenatural del corazón se convierte y se hace en el espacio de la energetización del nus. En el código lingüístico de la Ortodoxia el nus en el N. T. se llama espíritu del hombre y el ojo de la psique, es la energía de la psique con la cual el hombre conoce a Dios, llegando a la visión, expectación de Dios, la Zeoptía (avistamiento divino o visión de Dios). Está claro que debemos aclarar que la gnosis de Dios no significa gnosis (conocimiento) de la divina esencia in-participable e invisible, sino de la energía increada. El discernimiento entre esencia y energía en Dios es esencialmente la diferencia de la Ortodoxia de cualquier otra interpretación del cristianismo. La energía del nus dentro del corazón se llama “noerá liturgia (funcionamiento) del corazón. Aclaramos otra vez que Nus y Logos (Lógica) ortodoxamente no se identifican, porque la lógica se energiza y opera en el cerebro, en cambio el nus en el corazón.

La liturgia o funcionamiento noeró (o del nus), se realiza como “oración incesante” (1ªTes 5,7) del Espíritu Santo al corazón (Gal 4,6 Rom 8,26 1ªTes 5,19). El hombre teniendo en el corazón la memoria en Dios, tiene sentido que Dios habita en su interior (Rom 8,11). San Basilio el Grande en su 2ª Epístola dice que la memoria de Dios permanece incesante, cuando no es interrumpido de las preocupaciones terrenales, sino que el nus sale hacia Dios, es decir, está en kinonía-comunión, conexión con Dios. Pero esto no significa que el creyente energizado de la divina energía increada evita las ocupaciones necesarias de la vida, permaneciendo en la apraxia, inactividad o en algún éxtasis, sino de la liberación del nus de las ocupaciones aquellas que se ocupa la lógica. Utilizaremos un ejemplo que nos toca de cerca. Un científico que ha conseguido el funcionamiento noeró (o espiritual humano), con la lógica de la mente se ocupa de sus problemas, en cambio su nus dentro de su corazón, mantiene la memoria de Dios incesante. Este es ortodoxamente el hombre saludable, el normal, (el Santo.)

El no funcionamiento o sub-funcionamiento de la noerá energía del hombre es la esencia de la caída del hombre. El célebre “pecado original” es exactamente el olvido de Dios, aún en el principio de su presencia histórica, salvar la memoria de Dios, es decir, la kinonía-comunión, unión y conexión con Dios en su corazón.

En este estado enfermizo participan todos los descendientes de los primeros en ser creados, porque no es un pecado ético, personal, sino enfermedad de la naturaleza del hombre, (por el pecado se enfermó nuestra naturaleza, observa san Cirilo de Alejandría +444) y se transmite de hombre a hombre, tal como exactamente la enfermedad de algún árbol se transmite en otros que provienen de este.

La inactividad del funcionamiento de la memoria de Dios y su confusión con el funcionamiento del cerebro, tal como sucede en todos nosotros, esclaviza al hombre en la ansiedad, la angustia, en el ambiente y en la búsqueda de bienestar entre el individualismo y la insociabilidad. En este estado de enfermedad por la caída, el hombre utiliza a Dios y al hombre para consolidar su seguridad individual y su bienestar. La utilización de Dios se hace con la “religión”, (el intento del hombre de arrebatar la fuerza de lo Divino) que puede degradarse en autodeificación del hombre, (me convertía en auto-ídolo, dice san Andreas de Kreta en el Gran Canon). El uso del prójimo y por extensión de la creación se hace con la explotación de cualquier manera posible. Esta es, pues, la enfermedad que el hombre busca sanar, incorporándose íntegramente en “la clínica terapéutica espiritual” de la Iglesia.

El propósito de la presencia de la Iglesia en el mundo como kinonía-comunión en Cristo es la terapia del hombre para su restablecimiento de la comunión, conexión del corazón con Dios, es decir, el funcionamiento noeró (espiritual, del espíritu humano). Según el bienaventurado Padre y catedrático Romanidis: “La tradición patrística no es una filosofía social, ni un sistema ético, tampoco un dogmatismo religioso, sino una instrucción terapéutica. En este punto se parece mucho con la Medicina principalmente con la psiquiatría. La energía noerá (espiritual humana) de la psique, que ora noeramente (con el nus) espiritualmente e incesantemente en el corazón, es un órgano fisiológico que todos lo tienen y que necesita terapia. Ni los filósofos, ni ningún tratado de las ciencias sociales positivas pueden terapiar, sanar este órgano. Por eso el hombre no terapiado, no sanado por costumbre ni siquiera conoce que existe este órgano.

La necesidad de terapia del hombre, según las anteriores afirmaciones, es una cuestión de todo ser humano, relacionado primero con el restablecimiento (apocatástasis) de cada hombre en su existencia natural por la re-energetización y también del tercer funcionamiento memorial, el noeró (o espiritual humano). Pero se extiende también en la presencia social del hombre. Para que el hombre pueda estar en comunión como hermano con su prójimo, es necesario que el interés propio, que finalmente funciona como filaftía (egolatría, excesivo amor a sí mismo y al cuerpo), convertirse en desinterés del sí mismo o en altruista, “la agapi… no busca lo suyo” (1ªCor 13 4-8). Desinteresada es la agapi de Dios Trinitario (Rom 5,8 1ªJn 4,7), que lo da todo sin recompensa. Por eso también el ideal social de la Ortodoxia cristiana no es la propiedad común, sino “sin propiedad, pobreza o la insolvencia”, como auto-desprendimiento de cada exigencia excesiva. Porque sólo entonces es posible la justicia.

El método de terapia que se ofrece de la Iglesia es la vida espiritual, como vida en Espíritu Santo. La vida espiritual se vive como ejercicio (ascesis) y participación en la Jaris, energía increada, entregada mediante los misterios (sacramentos). La ascesis es esfuerzo de nuestra naturaleza autonomizada y mortificada, que camina hacia la muerte espiritual o eterna, es decir, la separación eterna de la Jaris de Dios. La ascesis aspira en la victoria sobre los pazos (pasiones, apegos), para que sea vencida la esclavitud interior de los focos enfermizos del hombre y que participemos de la cruz de Cristo y de Su Resurrección. El Cristiano ejercitándose bajo la conducción de su terapeuta (guía espiritual), se convierte y hace receptivo de la Jaris que recibe por su participación en la vida mistiríaca (sacramental) del cuerpo eclesiástico. Cristiano sin ascesis no puede haber, tal como no puede haber hombre terapiándose o sanándose que no cumple la instrucción terapéutica que le ha definido su médico.

Todo lo anterior nos conduce a unas realidades estables, que prueban la identidad de la Ortodoxia cristiana:

a) La Iglesia como cuerpo de Cristo, funciona como una Clínica-Hospital. De otra manera no sería Iglesia, sino Religión. Los Clérigos al principio se seleccionaban de los terapiados, sanados para que funcionen como terapeutas de los demás. El funcionamiento terapéutico de la Iglesia se salva hasta hoy, principalmente en los Monasterios que aún aguantan y no están bajo la presión de la secularización o mundanización, continuando la Iglesia de los años apostólicos. Por eso los monasterios ortodoxos permanecen como modelos o prototipos para las parroquias del mundo.

b) Los científicos de la terapia eclesiástica son los que están terapiados, sanados. El que no tiene la experiencia de la terapia no puede ser terapeuta. Esta es la diferencia esencial entre ciencia terapéutica pastoral y ciencia médica. Los científicos de la terapéutica eclesiástica (Padres y Madres) instruyen y realizan otros terapeutas, tal como los maestros de la Medicina instruyen y consagran a sus sucesores.

c) La delimitación de la Iglesia en un simple perdón de los pecados para la introducción después de la muerte al paraíso, consiste en una alteración y equivale como si la ciencia médica perdona al enfermo, para que sea sanado después de la muerte. La Iglesia no aspira en enviar a alguien al paraíso o al infierno. Además, Paraíso e Infierno no son lugares, sino modos de existencia. La Iglesia, terapiando, sanando al hombre, le prepara a ver a Cristo eternamente dentro de Su Luz increada como paraíso y no como infierno, es decir, “como fuego consumador” (Heb 12,29). Y esto, naturalmente, concierne a cada persona, porque  todos los hombres estarán viendo eternamente a Cristo como “Juez” del mundo.

d) La validez de la ciencia se demuestra de la consecución de sus objetivos, por ejemplo, en la medicina, por la terapia sanación  del enfermo. Así se diferencia la auténtica medicina científica de los curanderos matasanos. El criterio y la terapéutica pastoral de la Iglesia es la consecución de la terapia espiritual, por su apertura hacia la zéosis. La zéosis no se traspasa en la vida después de la muerte, sino que se realiza en la vida del hombre en este mundo, aquí y ahora. Esto se certifica por las reliquias de los Santos que vencen la corrupción biológica, como por el ejemplo de los Eptanisos (siete Islas del mar Jónico): San Esperidón, san Gerásimos, san Diosnisio de Zakinzo y santa Teodora. Las santas reliquias incorruptas son para nuestra tradición las pruebas indiscutibles de la zéosis, es decir, la consumación de la terapéutica de la Iglesia. Rogaría al mundo científico que ponga especial atención en las santas reliquias enteras, porque no sólo no han recibido una intervención médica, sino que en ellas se manifiesta la energía increada de la Jaris divina. Porque exactamente al momento que empieza la disolución del sistema molecular, automáticamente se transmite buen olor, aroma en vez de olor malo. Me limito en los síntomas medicinales, y no me extiendo a los milagros, como demostraciones de la zéosis, porque pertenecen a otra esfera.

e) Finalmente, los textos sagrados de la Iglesia (Escritura, textos sinódicos y patrísticos), no codifican alguna ideología cristiana, sino que tienen carácter terapéutico, funcionando como los escritos universitarios de la ciencia médica. Esto es válido también para los textos litúrgicos, por ejemplo, las Bendiciones. La simple lectura de una Bendición (oración), sin la paralela introducción del creyente al proceso terapéutico de la Iglesia, no sería diferente con el caso del enfermo con fuertes dolores que visita al médico, y aquel en vez de intervenir drásticamente, se limita a extenderle en la cama de cirugía y empieza a leerle el capítulo relativo a su enfermedad.

Esta es en pocas palabras la Ortodoxia. No tiene importancia que uno la acepta o no. Por eso me dirijo a todos, y a los no cristianos y a los desinteresados, pero también a los “cristianos” entre paréntesis. Cualquier otra consideración sobre el Cristianismo consiste en una tergiversación y perversión aunque quiera proyectarse como Ortodoxia.
ZÉOSIS - LA FINALIDAD DE LA VIDA DEL HOMBRE

Δεν υπάρχουν σχόλια:

Δημοσίευση σχολίου